Aplicaciones de la inercia térmica

12/03/2014

Hace un par de semanas, tras muchas jornadas sin ver el sol con tanta borrasca, se me ocurrió escribir algo sobre el fenómeno de la inercia térmica en los hogares: aquél que provoca que nuestra casa se enfríe o se caliente más o menos rápido, dependiendo básicamente, del espesor de los muros de nuestras viviendas. Como creo que es algo interesante para el público en general, me dispongo a ampliarlo un poco más, y así poder conocer si podemos o no beneficiarnos de esta cualidad de las construcciones.

Sin pensar mucho, podemos deducir que, no es lo mismo vivir en una caseta de obra, que en una vivienda tradicional hecha con tapiales de barro de medio metro de espesor. Como he podido pasar muchas horas en los dos tipos de estancias citados, he podido apreciar que, mientras que en el primero necesitaba echar mano del aire acondicionado constantemente, en el segundo daba gloria entrar en los meses estivales.

Pero como cualquier solución, todo tiene sus ventajas e inconvenientes, o por decirlo de otra manera, a cada cliente le puede interesar una cosa en función de sus hábitos domésticos.

¿Cuándo nos interesa una gran inercia térmica?

Puede ser interesante en una vivienda habitual, donde haya gente bastantes horas al día o, por ejemplo, en las casas donde pasamos épocas del año como el verano o las navidades, durante un tiempo prolongado. En casas dormitorio, o en viviendas vacacionales de fin de semana, más nos valdrá disponer de un buen sistema de automatización para la calefacción y aire acondicionado, o cuando lleguemos, desearemos marchar nada más abrir la puerta.

Como anécdota personal, recuerdo unos vecinos (aparecían algún fin de semana) del mismo bloque donde yo vivía hace un par de años, en invierno; debía ser tal el frío que hacía en su piso, que se les veía por la ventana cómo estaban sentados en el sofá, mirando la televisión, ataviados con forro polar, guantes y gorro. Si hubieran contado con un simple termostato programable, o con algún sistema más sofisticado que se pudiera manejar a través de una aplicación móvil, no habrían pasado aquella tarde tan gélida.

Lo que caracteriza a una vivienda con gran inercia térmica es que sus pérdidas o ganancias de temperatura son mucho más lentas. En invierno, en el momento que apaguemos nuestra calefacción (o reduzcamos un par de grados el termostato), nuestra vivienda perderá energía en forma de calor de una forma más pausada. Esto es debido a que los muros van a seguir radiando la energía que contienen, tanto hacia dentro como hacia fuera de la vivienda (para evitar que lo perdamos, colocamos un aislante térmico). Si nuestra pared es un simple panel sándwich como el de las casetas de obra, el calor se irá enseguida y la estufa tendrá que estar conectada casi permanentemente.

Si por el contrario, nos situamos en una época de mayor temperatura, la cosa cambia un poco. Estaremos buscandocómo evitar que el calor entre en nuestras casas, para estar lo más frescos posible en las horas centrales del día. Para ello, deberemos ventilar convenientemente las estancias durante la madrugada, que es cuando la temperatura exterior es más baja (cuando las mínimas son de 25 ó 26 grados, poco podremos hacer sin la ayuda del aire acondicionado). Y en cuanto nos despertemos pronto por la mañana, debemos cerrar bien persianas y ventanas, para evitar que entre una pizca de radiación solar en nuestras casas; sobre todo las orientadas al Este y al Sur. Así conseguiremos que los muros sean los que se vayan calentando con el sol, tan lentamente, que antes de notar el efecto del calor dentro, ya se haya hecho de noche y el calor exterior no sea tan extremo. Al bajar de nuevo la temperatura en la calle, nuestros muros desprenderán su calor hacia la misma, habiendo evitado el recalentamiento del interior de la vivienda.

¿Cuándo no interesa la inercia térmica en casa?

Un claro ejemplo sería, como he comentado antes, un piso normal en nuestra ciudad natal, al que vamos a pasar algún fin de semana porque, nuestro lugar habitual de trabajo, está en otro lugar. Aquí lo cómodo es llegar y poner la calefacción a tope, disponiendo de una buena caldera y radiadores que calienten el interior lo antes posible. Incluso un sistema de climatización por aire hará que, enseguida, nos sintamos más o menos confortablemente en nuestra casa. Tendremos que tener puesta la fuente de calor casi continuamente, pero el día que marchemos, pondremos el botón en off y no gastaremos inútilmente ni un euro en energía.

Con esto se demuestra una desventaja de las viviendas tan “macizas”: tardan mucho en calentarse en invierno o en enfriarse en verano. Porque no bastará con climatizar el volumen de aire de las habitaciones, si no que tendremos que ir aclimatando todos los m3 de hormigón, ladrillos, barro o piedra de los que consta nuestra casa y, hasta que esto no suceda en mayor medida, la sensación de “pared fría” (notar la baja temperatura de las paredes y cristales cuando nos acercamos a ellas) nos acompañará hasta un par de días.

Por ello, siempre me gusta incidir en este y otros artículos, de que no hay tecnologías buenas o malas, si no soluciones adecuadas o no a cada tipo de familia, con sus hábitos particulares y acorde a los medios de los que dispongan o puedan disponer.


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